11 de abril de 2015

Bestia


Uno acaricia a su bestia
para que esté tranquila en casa,
la bestia me mira con ojos de niña
y también me muerde,
con paciencia acaricio su pelaje
y la tranquilizo con el lenguaje indomable de la tierra
y mi bestia sonríe con dulzura,

porque se sabe
que de las luces irreales y salvajes que hay en la calle
uno regresa con las nubes rotas
y una bestia triste,

la bestia lo sabe.